Desarrollar la Autoestima
Por autoestima entendemos la representación de la valía que cada uno de nosotros tenemos sobre quienes somos: lo que sentimos sobre nuestras capacidades, proyectos, ideales, etc.; la autoestima no es sólo conocerse a sí mismo, sino también otorgar un sentimiento positivo sobre esa imagen. En un primer momento, esta representación de valía estará constituida, principalmente, por las representaciones que los demás nos devuelven acerca de nosotros. De manera que la autoestima se constituirá a partir de un proceso interpersonal con aquellas personas que desempeñen los papeles más significativos de nuestra vida.
La autoestima se alimenta de:
— Las imágenes positivas que los otros nos devuelven de nosotros.
— El sentimiento de seguridad en nosotros mismos.
— El dominio que adquiramos de nuestro cuerpo y del entorno.
— El grado de realización de satisfacción y de reconocimiento que logremos en actividades importantes para nosotros.
Cómo fomentar la autoestima
Durante los primeros años de nuestra vida, las personas más determinantes en el desarrollo de una alta autoestima son nuestros padres.
Tienen dos funciones imprescindibles:
1. Función de espejo
El niño va adquiriendo su identidad mirándose en el espejo psicológico que nosotros le ofrecemos.
Antes de la palabra:
Mucho antes de que entiendan el lenguaje, los pequeños habrán reunido impresiones generales acerca de sí mismos a través de la forma en que los demás les traten. Aprenden con los sentidos, reconocen cuándo se les coge con ternura y cuándo con brusquedad, si mamá está tranquila o tensa, si les respetan el sueño o el apetito o si se les ignora, etcétera.
El bebé está receptivo al lenguaje corporal; aunque no se digan palabras se están comunicando y de estos mensajes no verbales el pequeño irá recogiendo las primeras impresiones sobre él mismo y el lugar que ocupa entre sus papás. Podemos afirmar tras numerosos estudios que la acogida cálida del bebé es la base para la construcción de una visión positiva de sí mismo. Se le brinda un intercambio positivo con caricias, arrullos, sonrisas, abrazos, canciones, etc. En resumen, con la demostración de nuestro amor hacia él y de la felicidad que nos produce su existencia.
«No basta con querer al niño, hay que hacérselo sentir.» Si se ha sentido querido, sentirá que merece la pena y que es alguien importante para esas personas que empieza a conocer.
Con el lenguaje:
Desde este momento estará no sólo al tono con el que se le dicen las palabras sino también al contenido de las mismas. El lenguaje le da la posibilidad de nombrar a los papás si se alejan y sentirse seguro por ello; y le da al descubrimiento de su nombre parte importante de su identidad. Estará atento a cuando se hable de él y a descifrar qué se dice. Llenará de contenidos su identidad a partir de los adjetivos que sus papás otorguen a su nombre.
Es por esto muy importante que sobre todo en los primeros años de su vida le otorguemos valoraciones positivas con las que pueda identificarse. No se trata de envanecerle con halagos desmedidos y continuos, pero igual de perjudicial sería la descalificación de su persona.
Tenemos la mala costumbre de descalificar al niño como forma de represión ante una conducta negativa: se dice «niño malo» en vez de «eso que has hecho está mal», y la diferencia es notoria, ya que en la primera frase se le dice al niño cómo es y no cómo ha actuado. Lo que uno es será más difícil de cambiar que la forma en la que hace las cosas. Los niños son como esponjas a la hora de escuchar nuestras valoraciones sobre ellos. Si a un niño siempre se le ha calificado de malo terminará actuando como tal, entendiendo que eso es parte de él mismo y de lo que no puede librarse.
2. Función de modelo
Para que el niño tenga una imagen positiva de sí mismo necesita poder idealizar a las personas significativas de su entorno. Poder ver a sus padres como valiosos e importantes. Ésta es la función de «imago parental idealizada». Por tanto, no es sólo intercambio de cariño y amor, sino también de valoración; si no puede valorar fuera, tampoco valorará internamente. El reflejo de nosotros mismos que damos a nuestros hijos tiene poderosos efectos en el desarrollo de su autoestima. Esto alcanza nuestra propia autoestima; si tenemos una baja autoestima, difícilmente podemos ser modelos de valoración
3. Otros espejos
Además de los padres, a medida que el niño crece existirán otras personas que irán haciendo de espejo de su imagen. Los hermanos y los amigos van a tener una importancia primordial, ya que será con ellos con los que compartirá su aprendizaje de vida y será con ellos con los que se mida y compare sus capacidades, sus aptitudes, etc., pudiendo adquirir una idea de quién es en relación con sus iguales.
En un futuro otros adultos tomarán importancia para él como evaluadores de su personalidad: profesores, líderes juveniles, etc., mostrándose sensible a sus opiniones, más aun que a las de sus padres. Serán más influenciables cuanto menor sea el desarrollo de su autoestima, lo que les hará dependientes de las valoraciones ajenas sobre ellos mismos.
La autoestima y la conducta
El niño adquirirá mayor sentimiento de valía en la medida que se sienta capaz de ir realizando aquellas actividades que se le vayan proponiendo y que dichas actividades o conductas se lleven a cabo de una forma satisfactoria, pudiendo ser motivo de reconocimiento. Tendrá mayor peso cuando sean en terrenos que él considere importantes. Supongamos que un niño es muy hábil jugando al ajedrez pero un terrible jugador de fútbol: puede no valorar su capacidad para el ajedrez porque sus amigos valoren mucho más a los buenos futbolistas.
No es tan importante una incapacidad física o psíquica como las reacciones ante esa incapacidad. Si sus padres le han dado mucha importancia a ese déficit, valorándolo como muy negativo, incluso etiquetándole a él de niño problemático, será muy difícil que pueda tener una imagen positiva de sí mismo en cualquier otro aspecto que le ayudase a superar ese sentimiento de incapacidad para algo e incluso compensarlo en cualquier otro terreno.
Es importante que el niño vaya realizando actividades acordes a su edad, a sus capacidades y a sus intereses. Actividades que pueda ir realizando de forma satisfactoria. Muchas veces abocamos a los niños a fracasos que minan su autoestima, bien por no medir sus capacidades y desear pequeños «supermanes», o bien por no pensar en sus gustos e inquietudes y sí en los nuestros. ¿De qué sirve enfrentar a un niño a una constante frustración por el fracaso en la adquisición de una actividad que a él no le guste y/o no tenga aptitudes para ello?
Criterios para fomentar la autoestima
Resumimos algunos de los criterios más importantes para ayudar a los niños a desarrollar su autoestima:
- Ser un espejo positivo: hacerle sentir que nos hace feliz su presencia y el podernos relacionar con él (imprescindible con los más pequeños).
- Permitirle y facilitarle que nos idealice y nos valore.
- Darle el apoyo, los límites y las pautas para que pueda probar sus habilidades y aprender sin el bloqueo del fracaso reiterado.
- Evitar la descalificación del niño como forma de represión. Se reprende su conducta, no su persona.
- Animarle a relacionarse con sus iguales, fomentando la amistad como forma de dar y recibir cariño y aprobación.
- Animarle a tomar sus propias iniciativas y a ir descubriendo sus intereses.
- Transmitirle el sentimiento de singularidad de las personas. Todos somos iguales y todos somos distintos. La convivencia pasa por el respeto hacia el otro, por lo que es o lo que piensa.
- Evitar las continuas comparaciones: «No todos partimos del mismo sitio y de la misma manera, por lo que todos no llegamos al mismo lugar ni de la misma forma.»
- En las valoraciones académicas, tener no sólo en cuenta la calificación sino también el esfuerzo
- Tomar en consideración sus opiniones y valoraciones.
- Valorar las cualidades que le hacen especial. «Todos los niños tienen un montón de cualidades.»
- Fomentar en él la adquisición de éxitos en el ámbito personal (en su calidad como persona) y no tanto en logros sociales, más superfluos y efímeros.
- Darles oportunidades para que se expresen creativamente. «Que saquen el artista que llevan dentro.»
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