Dificultades y desafíos

La  adolescencia es una etapa de gran linerabilidad psíquica en la cual se puede considerar como normal el que se produz­can ciertas perturbaciones:

—   Labilidad emocional.

— Tendencias regresivas.

— Irascibilidad.

—   Tendencia a la tristeza.

— Negativismo.

— Ansiedad.

—   Etcétera.

Se trata de un estado que puede parecer patológico pero, como decía el doctor Win­nicott, lo anormal sería escapar del mismo.

Lo realmente problemático puede surgir cuando a dichos conflictos no se les da la sa­lida adecuada. Salida que posibilite poder elaborar la crisis existencial a la que se en­frentan y que les posibilite llevar a cabo su proyecto personal de forma autónoma. La realización de dicho proyecto será la prueba del final de esta etapa.

Actualmente estamos escuchando de for­ma cada vez más frecuente cómo los jóve­nes se ven abocados a padecer serios tras­tornos y a sufrir consecuencias de gran gravedad al enfrentarse a retos muy auto-destructivos.

Vamos a ir analizando algunos de los tras­tornos que de forma más frecuente pueden encontrar su desencadenante en la mala re­solución de la crisis adolescente.

La depresión

El adolescente pasa por momentos de tris­teza derivados de la etapa de tránsito, lo cual implica el hecho de tener que despedirse de su identidad anterior.

Se despide de aquello que durante su in­fancia le acompañó: los juguetes, su cuerpo de niño, la relación de protección y depen­dencia de los padres, etc. Ciertas reaccio­nes de duelo por los objetos del pasado son inevitables.

En este proceso de segundo nacimiento se esperará que en muchas ocasiones su áni­mo se vuelva triste y su carácter taciturno: es lo que ellos mismos denominan tener la depre.

Pero hay que distinguir esta depre, normal en su desarrollo, de un trastorno depresivo:

—   La diferencia más clara es el hecho de que en situación normal el adolescente varía su estado de ánimo con bastante facilidad.

— Los adolescentes que sufren depresión no pueden sentirse mejor de inmediato; es un malestar que afecta en todos los momen­tos y situaciones de su vida.

— El adolescente mantiene ilusiones acer­ca de su vida y de su futuro.

— El joven deprimido no tiene ilusión por nada, está sumido en el tedio y no planea su futuro, ya que éste le produce angustia.

—   Los adolescentes buscan en su grupo consuelo y apoyo.

— Cuando un adolescente sufre un tras­torno depresivo, se aísla del resto. La com­pañía de los demás le supone un esfuerzo.

La depresión es un trastorno frecuente en la adolescencia, pero para que llegue a producirse deben confluir varias circuns­tancias.

-La base la comparten con el resto de ado­lescentes: una etapa de crisis, lo que supone una serie de tensiones internas y externas, añadiendo alguno o varios de los siguientes factores:

— Tener dificultades para enfrentar los con­flictos: inmadurez, dependencia emocional. — Poseer una baja autoestima.

— Acarrear problemas de la infancia mal resueltos.

— Sufrir una sobrecarga de tensión por par­te de la familia: sobreexigencias, conflictos familiares, etcétera.

— Enfrentarse a fracasos reiterados: estu­dios, relaciones afectivas, etcétera.

El suicidio

El suicidio en los adolescentes es uno de los hechos que más conmociona a un adulto desde el planteamiento de quitarse la vida en un momento de la misma en la que supuesta­mente tienen todo a su alcance.

No se trata de un hecho aislado, por lo que debemos intentar entender qué es lo que pue­de llevar a ello.

Debemos diferenciar las llamadas de aten­ción del suicidio propiamente dicho.

Llamadas de atención: tentativas de suici­dio que no llegan a término porque la inten­ción última es llamar la atención de sus pa­dres o personas significativas de su vida.

Suicidio: la intención primordial es quitarse la vida.

Lo cual no significa que debamos quitar im­portancia a las llamadas de atención, ya que elegir esta vía de reclamo habla de la dificul­tad de comunicarse y porque, además, en esas llamadas también se producen accidentes y pueden tener un trágico final.

Cuando un joven se suicida es porque no ve otra vía de escape a su malestar y ve en su pro­pia muerte el fin de su sufrimiento.

Algunos signos de advertencia son:

—   La continua presencia de un estado de ánimo deprimido, de trastornos de la alimen­tación y del sueño o bien una disminución en el rendimiento escolar.

—   Un gradual retraimiento social y cre­ciente aislamiento de los demás.

— Rupturas en la comunicación con los pa­dres o con otras personas de importancia en la vida del adolescente.

— Antecedentes de tentativas de suicidio o de inmiscuirse en accidentes.

Conductas de riesgo

Muchos jóvenes que no se plantean abier­tamente el deseo del suicidio se embarcan, sin embargo, en riesgos innecesarios con un alto componente autodestructivo.

Lo que supuestamente buscan es el reto de ser capaces de hacerlo: andar por una vía ante la llegada del tren, conducir en la di­rección contraria, saltar cornisas, robos, etc.

El adolescente que se enfrenta a estos ries­gos, generalmente apoyado por su grupo de iguales, lo que pone a prueba es su valentía o lo que para ellos representa dejar de ser unos niños. Vienen a sustituir a los ritos ini­ciativos de las tribus.

Este fenómeno aumenta en una época en la cual al adolescente le quedan, o le damos, pocas oportunidades de demostrar que ha dejado de ser un niño.

En épocas anteriores se consideraba que uno era ya un hombre cuando ganaba su pri­mer jornal; ahora, si los jóvenes tuvieran que esperar a esto se convertirían en niños eter­nos, cuestión que se da en muchas ocasio­nes.

Existen otras muchas conductas de ries­go que, amparadas en el hecho de ser com­partidas en la vida social o por el hecho de no ser tan llamativas, pueden pasar más in­advertidas y sin embargo ser igualmente problemáticas. Algunas de ellas son:

—      El consumo de alcohol abusivo: que cada año lleva a más jóvenes a pasar por un hospital en coma etílico.

—      La práctica sexual indiscriminada: sin control de con quién, ni cómo, ni dónde. Con las consecuencias de embarazos tem­pranos, contagios, abortos, etcétera.

—      El uso de drogas: las drogas posibili­tan a los jóvenes una forma de evadirse de los conflictos, de descargar la ansiedadde probarse a ellos mismos. Lejos de lograr les anula e incapacita en su independencia.. La mezcla de:

1. Sentirse llenos de vitalidad, lo cual les puede hacer confundir la fortaleza con la inmortalidad

2. La rebelión que les anima a romper las normas establecidas y a negar la experien­cia ajena: «A mí no me va a pasar»

3. Las ansiedades generadas en su mun­do interno y externo.

4. La falta de salida a su deseo de probar­se como adultos.

5. La influencia de un grupo negativo pro­duce como resultado el aumento de conduc­tas de riesgo

Trastornos de la alimentación

Debido a los acentuados cambios físicos que acontecen durante la pubertad y a la consiguiente preocupación sobre sí mismos y sobre su imagen corporal, no es sorpren­dente que muchos jóvenes se preocupen por problemas de peso corporal y por dietas. Lo que sí es llamativo es el aumento desmedi­do de adolescentes que sufren del trastorno de la anorexia que comienza siendo un sim­ple control de peso y termina convirtiéndo­se en un riesgo real de muerte.

Es un trastorno que afecta en mayor me­dida a las mujeres, ya que es en éstas donde recae, culturalmente, el cuidado del cuerpo y la valoración personal por el mismo.

Este aumento de casos y la ampliación en la banda de edad del mismo tendremos que analizarlos desde nuestro momento social, en el cual:

— Se potencia el culto al cuerpo.

— Hay una hipervaloración de la juventud.

— Los cánones de belleza imponen mode­los muy delgadas y en muchos casos ano­réxicas.

—   Se plantea un mundo sin faltas ni de­fectos al precio que sea.

Los síntomas anoréxicos son bastante co­nocidos: primero dejan de realizar alguna comida, acompañado de mucho ejercicio fí­sico, siguen prescindiendo de alimentos e incluso vomitando lo comido y terminan no pudiendo ingerir apenas alimento, teniendo una imagen distorsionada de su cuerpo (se ven con más peso), pérdida de pelo, ameno­rrea, etcétera.

Factores precipitantes:

— Baja autoestima

— Ser muy influenciable.

— Haber sufrido anteriormente comenta­rios negativos por su imagen corporal. — Sobreexigencia personal.

— Historia familiar de dietas, general­mente por parte de la madre.

— Etcétera.

Es un trastorno de tal gravedad que al me­nor indicio es importante tratarlo con profe­sionales.

En el lado opuesto estaría la bulimia, que consiste en la ingesta compulsiva de ali­mentos, atracones. Se suele comenzar des­de síntomas de ansiedad y/o depresivos y posteriormente se pierde el control sobre el síntoma. Es un trastorno que se da también en la adolescencia, pero en menor medida que la anorexia nerviosa.

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