Jóvenes sin drogas
Es mucho lo que se ha hablado, escrito y debatido acerca de las drogas, sus consecuencias, formas de intervención y tratamiento, etc. Pero, al igual que ocurre con otros problemas sociales actuales (maltrato, prostitución, paro, etc.), donde se hace menos hincapié realmente es en la prevención efectiva de dichos conflictos.
Las drogas no sólo afectan a una población determinada con una problemática concreta; es un tema que a todos nos atañe y que en todos, directa o indirectamente, repercute.
Son muchos los padres que temen que sus hijos puedan ser «tentados», sin saber qué hacer para evitarlo. Actualmente, hay una actitud generalizada de esperar que, tras ofrecerles una información exhaustiva de las consecuencias del abuso de drogas, los jóvenes «elijan» no tomarlas.Generalmente les hacemos a ellos los máximos responsables, olvidando la implicación sociocultural de dicho problema y las motivaciones y causas que han podido llevar a ele-Ir el consumo, a pesar de conocer los riesgos.
Es un No a la droga y una educación preventiva que respalde ese No; que signifique un rechazo no desde el miedo o desde complacer a padres y educadores, sino desde una elección libre hacia opciones más favorables para la salud.
Uso y abuso de las drogas
Las drogas no son algo nuevo de esta sociedad y cultura: siempre existieron. La historia nos cuen ta cómo en todos los tiempos el hombre ha buscado sustancias que le proporcionaran estados placenteros y/o métodos que suprimieran el dolor físico y/o mental: pero hasta ahora no había representado una amenaza tan grave.
El uso actual de las drogas tiene matices muy distintos al de épocas anteriores; de hecho, en nuestra sociedad representa uno de los principales problemas, que están incapacitando cada vez a mayor número de población.
- Las drogas actuales son mucho más potentes «gracias» a la tecnología.
- Los medios de comunicación facilitan el que lleguen todos los productos a todos los rincones (poli-toxicomanía).
- Las motivaciones en el consumo han cambiado; el uso actual se caracteriza por la búsqueda de «sensaciones nuevas» y la «evitación»: evitan sufrir tensiones, frustraciones, etcétera.
- Vivimos «la cultura de las drogas», un mundo invadido por los productos químicos (tranquilizantes, somníferos…). Debilitamos la fortaleza interior de la persona tendiendo a buscar soluciones fuera. Educamos a nuestros hijos en el sentimiento de que ante cualquier dolor físico y/o moral, ante cualquier malestar emocional, habrá una solución externa que lo palie.
Para que no sufra, porque no se frustre, por evitar verle llorar, le hacemos muy vulnerable ante las dificultades, cualquier sentimiento de infelicidad o malestar le parecerá intolerable. Puesto que es irreal pensar en suprimir las drogas (legales e ilegales) habrá que aprender a convivir con ellas, previniendo en nuestros hijos su uso indebido y/o el abuso.
Nosotros somos su mejor modelo, apoyados por una educación en la salud, en la prevención, con el soporte de sus educadores y pidiendo responsabilidades sociales ante la manipulación de los medios de comunicación que encaminen sus mensajes hacia la cultura del consumo de drogas.
Cuando se empieza
Generalmente asociamos drogas con adolescencia como si fuese un problema exclusivo de esta edad y, paradójicamente, todavía hay dificultades en nuestro país para encontrar centros de tratamiento de desintoxicación para menores de 18 años.
La adolescencia es un momento crítico para iniciarse en algún tipo de droga. Después, que se continúe o se deje, que se retome o se vaya a consumos más problemáticos en la edad adulta, depende de las motivaciones al consumo, el medio, los recursos personales, etcétera.
El adolescente es vulnerable a las drogas porque:
- La adolescencia es vivida como transición, como cambio, despedida de la infancia. El adolescente quiere sentirse adulto, tener nuevas sensaciones, emular el mundo adulto y, a la vez, sentirse diferente.
Quizá incluso el padre le animó a beber una cerveza o fumar un cigarro porque «ya es mayor» y quizá el hijo busque rebelarse de ser un niño consumiendo lo prohibido.
La etapa de rebeldía, como forma de autodeterminación, de reafirma-miento, puede intentar o desear transgredir las normas.
- El adolescente está sometido a continuos bombardeos de los medios de comunicación: TV, cine, radio, etc. Se le transmite una imagen de cómo debe ser el joven actual para llegar a ser el hombre del triunfo (basado en «tanto tienes, tanto vales»). Esta imagen potencia:
— Culto a la imagen corporal (no basada en la salud, sino en la belleza).
— Culto al dinero.
— Culto al riesgo («haz locuras», dice un eslogan televisivo).
Tienen que ser atrevidos, intrépidos, rápidos, marchosos, ifuera el aburrimiento y la frustración! Mensajes unidos al consumo y al logro del goce inmediato; no se les anima a proyectar o a analizar sino a la pura actuación para gozar; en ciertos anuncios con este tipo de mensajes, si no escucháramos que es un refresco o un programa de TV, se podría pensar que anuncian cualquier droga.
Adolescentes con medios hostiles o problemas personales o dificultades sociales (o todo a la vez) pueden encontrar en las drogas la forma de alcanzar este supuesto bienestar de juventud.
- Al ser una etapa en la que el grupo de iguales es tan importante, un chico puede llegar a consumir para sentirse identificado con sus compañeros de tiempo libre.
Consumidores
Hay que distinguir tipos de consumidores:
- Consumidores experimentales.
Son los que prueban una o más veces pero no continúan consumiéndolas después.
- Consumidores ocasionales o sociales.
Consumen de forma esporádica en encuentros sociales. El alcohol sería un clásico ejemplo de este tipo de consumo.
- Consumidores habituales.
Toman una droga con regularidad aunque esto todavía no les ha hecho perder el control sobre ellos y el consumo, pudiendo dejar el consumo si se lo proponen.
- Consumidores compulsivos.
En un primer momento pueden utilizarla como forma de «funcionar mentalmente», sin ella no podrían realizar sus quehaceres cotidianos y generalmente después pasan a dejar de funcionar normalmente, limitándose su trabajo y motivación a proporcionarse y consumir la droga.
Las motivaciones
Las motivaciones son muy variadas y personales, generalmente no hay una sola y depende mucho de la persona, el momento, el tipo de droga y la cultura que le rodee, pero a nivel general hay una serie de motivos que suelen coincidir.
En un primer consumo la motivación puede ser:
- Búsqueda de nuevas sensaciones.
- Identidad con el grupo de iguales.
- Hacer lo prohibido.
- Atracción por el riesgo.
En consumidores ocasionales:
— Una forma de compartir y sentirse parte del grupo.
— Como un supuesto facilitador de la relación (desinhibición).
— Moda.
En consumidores habituales:
— Para aliviar sensaciones displacenteras.
— Búsqueda de identidad.
— Conflictos intrapsíquicos: sentimientos de carencia afectiva, impotencia, baja autoestima…
En consumidores compulsivos:
— Se mueven por la obsesión y la dependencia física y psíquica de la droga. Cada vez necesitan más cantidad para adquirir el mismo supuesto bienestar, que cada vez es más displacentero.
Por qué se elige la droga
No todos los jóvenes que pueden sentir alguna vez este tipo de motivaciones tienen que llegar a la droga. Siempre confluyen varios factores: una cierta predisposición psicológica, el ambiente que le rodea, los efectos que obtenga con la droga y el momento en que decide consumir.
No es lo mismo probar cuando está pasando un periodo crítico, ya que lo hace con deseo de evadirse de conflictos, que hacerlo desde un simple deseo de experimentar; ni si esta primera experiencia le resulta satisfactoria o si la considera desagradable.
No es igual cuando el ambiente que te rodea te invita y te refuerza, a si se aleja o lo rechaza.
Predisposición psicológica
Hay rasgos psicológicos que pueden predisponer a las toxicomanías:
- Personalidades inmaduras con falta de autonomía. Las personas muy dependientes buscarán fuera ese apoyo con el que sentirse más seguras, más capaces.
- Baja autoestima, falta de confian7a en uno mismo, sentimiento de impotencia.
- Dificultades en las relaciones por inhibición o retraimiento, por temor a fracasar, por experiencias negativas al respecto, etcétera.
- Personalidades vulnerables a la influencia exterior, sin criterios propios. con poca capacidad de decisión autónoma.
- Intolerancia a la frustración.
Influencias del medio
En la familia: son factores de riesgo, el deterioro de las relaciones familiares, la ausencia de figuras de autoridad, la imposibilidad de diálogo dentro de la familia, padres consumidores, graves problemas familiares, etcétera.
Grupo de pertenencia (pandilla) que frecuenta ambientes de consumo.
Ambiente escolar hostil: falta de comunicadores adultos, educación rígida y restrictiva, etcétera.
Contexto sociocultural que apoya el consumo de drogas. Medios de comunicación que invitan al uso continuo de productos químicos que hacen la vida «más placentera». Sin hablar de los perjuicios de lo artificial y lo efímero de sus resultados. Sin analizar que el término droga legal/ ilegal corresponde más a un momento social y político que a una valoración real de los perjuicios o beneficios de esa legalidad en la persona.
Qué se puede hacer
Se puede y se debe trabajar en dos áreas, la oferta y la demanda.
- En la oferta, el sector que produce y trafica con las drogas; la acción sólo puede encaminarse a impedir o controlar por medio de la represión legal al máximo dichas actividades.
- En el sector de la demanda debemos encaminarnos hacia la prevención. Prevención no como forma de «persuadir» para que no se consuma sino orientada a educar a las personas en la madurez y autonomía que les permita el elegir libremente renunciar al uso indebido de drogas.
La prevención
Según la formulación de la UNESCO, el objetivo general de la prevención del uso indebido de drogas sería:
«Evitar o reducir en la medida de lo posible el uso extramédico de las drogas que causan dependencia; pero también, con un criterio más ajustado a la realidad, es buscar la reducción de la incidencia y la gravedad de los problemas individuales y sociales vinculados con el uso indebido de estas sustancias.»
El enfoque de la prevención, por tanto, tiene que ser múltiple —psicosociocultural— que reconozca la influencia determinante de los factores psicológicos y del medio circundante. Los programas acordes a este enfoque responden a las necesidades psicológicas y sociales de cada persona, ayudándoles dentro de su propio contexto y sin olvidar los factores socioeconómicos y culturales que les envuelven (marginación, paro, cultura de las drogas, etcétera).
Educación preventiva
Consiste en utilizar la educación como técnica de prevención en el sentido de desarrollar o fortalecer la capacidad de resistencia de los individuos y grupos ante la oferta de drogas.
No es sólo informar de las consecuencias o reprimir el consumo; estas medidas solas no han dado buenos resultados. Hay que hacer hincapié en las causas y motivaciones que han llevado a dichos consumos.
El objetivo es formar a los jóvenes para que sean más capaces de enfrentarse con sus problemas, a tolerar las frustraciones. Educarles en la búsqueda de satisfacciones y placeres fuera de las drogas. Satisfacciones menos inmediatas pero también menos efímeras.
Proporcionarles opciones alternativas saludables. Educar en la autonomía, en la valoración personal y la autoestima. Haciendo hincapié en poblaciones de riesgo y en los momentos críticos de cada chico (fracaso escolar, problemas de adaptación a algún cambio, etcétera).
Es un trabajo global de la persona donde tienen que aunar fuerzas padres y educadores.
Es un proceso largo que requiere de nuestra coherencia en el pensar y en el actuar; de nada serviría que pretendiésemos que nuestros hijos tomasen hábitos que considerásemos saludables para ellos si nosotros mismos no los tenemos o incluso no creemos en ellos.
Para conseguir realizar una educación preventiva es necesario, por lo tanto:
- Facilitar espacios de comunicación padres-hijos, profesores-alumnos.
- Fomentar la autonomía.
- Potenciar su autoestima, que aprenda a apreciarse a sí mismo, apoyándose en la toma de decisiones personales.
- Educar en valores:
— Compromiso con uno mismo y su salud física y mental.
— Compromiso con el otro.
— Compromiso espiritual.
- Potenciar las relaciones personales, animar a la participación social, que puedan compartir: satisfacciones, problemas, frustraciones, etcétera.
- Enseñarles y proporcionarles opciones positivas al consumo de las drogas. «Si una persona usa drogas para responder a una necesidad insatisfecha, la solución radica en tratar de cubrir esta necesidad por otros medios que no sean nocivos».
Y añadiría, aprender a vivir sintiendo que todos nuestros deseos no pueden ser satisfechos (capacidad de frustración).
Para buscar alternativas debemos saber cuáles son estas necesidades personales que podrían llevarle al consumo.
Por ejemplo, si le mueve un afán de aventura, una opción interesante sería la de que realizase actividades que implicasen algún riesgo: escalada, voluntariado en cuerpos de ayuda especializada, etcétera.
En la familia
Dado que el estilo de vida actual reduce las posibilidades de comunicación familiar, debemos hacer hincapié en este punto, ya que el mantenimiento de la confianza mutua nos va a posibilitar el que no permanezcamos ajenos a la realidad de nuestros hijos.
Hay padres que piensan que el que sus hijos se droguen es un problema de influencias y que cuidando esto ya nada puede ocurrir.
No se trata de estar como controladores atentos a encontrar cualquier prueba que pueda hablar de consumo, cuando un adolescente empieza a drogarse es porque algo marcha mal y el que continúe es que no hemos entendido su «llamada de ayuda».
Nuestro modelo de salud va a ser importante, lo cual no significa que llevemos una vida ejemplar; también de los errores y debilidades se puede aprender si se puede hablar de ellos.
Quizá no podamos ni deseemos dejar de fumar pero se puede hablar de por qué se empezó en ello, de lo difícil de dejarlo y de las consecuencias negativas que implica.
No debemos dramatizar el tema, ni tan siquiera si constatamos que han consumido, pero tampoco debemos olvidarlo o esperar que se solucione solo. Detrás de una aparente hostilidad, el adolescente sigue deseando nuestro apoyo y no olvidemos que no es un problema de bandos, de buenos y malos, sino de relaciones malentendidas.
Bibliografía
E. Massün, Prevención del uso indebido de drogas, Ed. Trilles, 1991.
Funes J., Nosotros, los adolescentes y las drogas, Ed. M. de Sanidad y Consumo, 1990.
Centro Didro, La droga y vuestros hijos, Ed. Mensajeros, 1984.

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