«La moral es una condición de la persona humana. Sin la moral, los hombres no podrían desarrollar una de sus mayores necesidades, la de vivir en sociedad. Las normas éticas le permiten integrar unas necesidades psíquicas y de convivencia social. La personalidad normal es la que está adaptada a una razonable escala de valores éticos»
Creando sentimientos morales
Los sentimientos morales se crean como resultado de las primeras relaciones significativas del ser humano, es decir, de la relación con sus progenitores o con aquellas personas que sustenten esta función.
El niño interioriza la imagen afectiva de sus padres convirtiéndola en su modelo de deberes, valores, remordimientos, etc. La interiorización de este modelo será la base de su «Yo ideal», origen de modelos constructivos, proyectos y, por tanto, de conciencia moral.
Posteriormente tomará otros modelos(educadores, lideres,etc)que sin ser tan influyentes como los primeros, sí le servirán para ir perfilando su «ideal de persona» y serán en los que se apoyará para el desarrollo de su personalidad moral.
Vivimos en una sociedad tendente cada vez más a la superficialidad, a la desinteriorizacion del hombre y como consecuencia a la pérdida de identidad. Se suele responsabilizar a los jóvenes de esta pérdida de valore• sin reparar en que ellos no hacen sino responder a los ideales que esta sociedad les ofrece: consumismo manipulado, individualismo, «todo vale», etc.
Pensemos en qué personajes adquieren notoriedad pública y cuáles fueron sus logros, y en aquellos que permanecen en el anonimato. Todos podríamos recordar varios nombres asociados a grandes fortunas e incluso de modelos de pasarela; ¿podríamos citar el mismo número de científicos o premios Nobel actuales?
El sentido principal del juego no es otro que el de su realización misma, su dominio y su goce. La importancia del juego en la felicidad del niño reside en el hecho de que junto con la caricia son las formas más inmediatas de alcanzar placer y satisfacción.
Por tanto, en nuestro deseo como padres de ver a nuestros hijos crecer felices tendremos que hacer especial hincapié en la actividad lúdica de los pequeños. Tan importante como permitirles y favorecerles el juego espontáneo será, como veremos más adelante, el que nosotros también participemos en dicha actividad
El vínculo con un hijo comienza incluso antes de su nacimiento. Desde el momento en que se anuncia la llegada de un bebé, los padres empiezan a éstablecer una relación con él: pensar en cómo será, elegir un nombre, hablar de él e incluso con él, etc. Empieza a tener un lugar significativo entre la pareja, y al igual que se empieza a idear un lugar en la casa para acomodarlo cuando llegue, la pareja va creando un espacio psíquico entre ellos para el pequeño. Un espacio que cuando nazca será ese lugar de hijo que le asegurará la protección y la seguridad necesarias para crecer y que a medida que crezca le favorecerá la autonomía.
Este vínculo temprano padres-hijo va creciendo a medida que van pasando los meses de embarazo. Durante la gestación, y en los primeros meses, será obviamente la madre la que se sienta más íntimamente ligada al bebé y viceversa (etapa de simbiosis), lo cual no debe significar la exclusión o ausencia del padre en esta relación. Es importante que la pareja se apoye en el cuidado del pequeño sin olvidar seguir fomentando su relación de pareja, lo cual será una de las bases del éxito de la familia unida.
Les será más fácil colocar juntos al niño en su espacio de hijo y favorecerán su relación de pareja, así ésta no sólo no se verá deteriorada por la llegada de los hijos, sino que aumentará su calidad.
En una familia sana el pequeño tiene asegurado ese soporte emocional, ese cariño y esa comprensión necesarios para alcanzar un desarrollo normal. Necesitamos sentirnos amados para poder madurar.
Durante sus primeros años, estaremos muy pegados a él, sirviéndole de guía en este mundo totalmente nuevo, que debe conocer a medida que crezca, deberemos ir ayudándole a depender menos de nosotros y a confiar más en él mismo. Que pueda ir dando sus primeros pasos solo y pueda encontrar nuevas relaciones dentro y fuera de la familia. En resumen, habremos de ayudarle a fomentar su autonomía y a ampliar su mundo emocional.
Por autoestima entendemos la representación de la valía que cada uno de nosotros tenemos sobre quienes somos: lo que sentimos sobre nuestras capacidades, proyectos, ideales, etc.; la autoestima no es sólo conocerse a sí mismo, sino también otorgar un sentimiento positivo sobre esa imagen. En un primer momento, esta representación de valía estará constituida, principalmente, por las representaciones que los demás nos devuelven acerca de nosotros. De manera que la autoestima se constituirá a partir de un proceso interpersonal con aquellas personas que desempeñen los papeles más significativos de nuestra vida.
La autoestima se alimenta de:
— Las imágenes positivas que los otros nos devuelven de nosotros.
— El sentimiento de seguridad en nosotros mismos.
— El dominio que adquiramos de nuestro cuerpo y del entorno.
— El grado de realización de satisfacción y de reconocimiento que logremos en actividades importantes para nosotros.
Desde el momento en que nace un hijo, y en ocasiones incluso antes, la mayoría de los padres idean planes en relación al pequeño, albergan esperanzas acerca de cómo les gustaría que fuese, qué les gustaría que llegase a ser, etc. Pero por encima de esos sueños, prevalece un objetivo principal y universal, el de que nuestros hijos sean felices.
«La felicidad no es un destino al que llegar sino una forma de viajar»
ANÓNIMO
La capacidad para ser felices está directamente relacionada con la riqueza interior que cada uno alcanza. ¿En qué consiste esa riqueza? En ningún caso se asemeja a bienes materiales.
Enriquece nuestro mundo interno:
— El amor: la capacidad de amar y el sentimiento de ser amado.
— La seguridad y confianza en nosotros mismos.
— Una alta autoestima: tener una imagen positiva de nosotros mismos.
—Valores: virtudes humanas que den sentido a nuestra vida, al mundo y a todo lo que nos rodea.
— Ideales: proyectar su vida acorde a unos ideales que le hagan ver más lejos del aquí y del ahora.
Desde que nace el niño empieza a necesitar alimento para su cuerpo y alimento para su psiquismo. Dentro de las necesidades básicas del hombre existen unas necesidades físicas, que son imprescindibles para su supervivencia, y unas necesidades psíquicas, que dan cuenta de su desarrollo y salud, psíquica y emocional.

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